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Lo que abre el amor, que no lo cierre el miedo.


martes, 13 de julio de 2010

El sexo... una experiencia grande, infinita, que nos es regalada...



Ayer escribí este pensamiento "Creo que es un problema de soledades, cuando no se sabe diferenciar entre la necesidad de sexo o la de un rato de compañía pagada con cama." y un compañero de letras me respondió con esta maravillosa carta de Rainer María Rilke, la número IV de una serie de diez, incluída en "Cartas a un joven poeta". 
¡Gracias Alejandro Guerra por este maravilloso regalo!





IV

Worpswede, cerca de Bremen, a 16 de julio de 1903

He abandonado París hace unos días, por cierto bastante enfermo y cansado, para acogerme a esta gran llanura norteña, que con su amplitud, su calma y su cielo, ha de devolverme la salud. Pero aquí he venido a caer bajo una lluvia persistente hasta hoy, que es cuando empieza a escampar un poco sobre esta comarca, sin sosiego azotada por los vientos. Aprovecho, estimado señor, este primer momento de claridad, para saludarle.
Mi querido señor Kappus: he dejado mucho tiempo sin respuesta una carta suya. No porque la hubiese olvidado. Al contrario: es una de esas cartas que nos agrada releer cuando volvemos a encontrarlas entre otras, y en ella le reconocí a usted como desde muy cerca. Me refiero a su carta del 2 de mayo, que seguramente recordará. Cuando la leo, como ahora, en medio del gran silencio de estas lejanías, su bella inquietud por la vida me causa una emoción aun más intensa que la que sentí ya en París, donde todo suena de otro modo y acaba por perderse, desvaneciéndose entre el enorme estruendo que allí hace retemblar todas las cosas. Aquí, rodeado de un imponente paisaje batido por los vientos que los mares le envían, siento que a esas preguntas e inquietudes, que por sí mismas y allá en sus profundidades tienen vida propia, nadie puede contestarle. Pues aún los mejores yerran con sus palabras, cuando éstas han de expresar algo en extremo sutil y casi inefable.
Creo, sin embargo, que usted no ha de quedar sin solución si sabe atenerse a unas cosas que se parezcan a éstas en que ahora se recrean mis ojos. Si se atiene a la naturaleza, a lo que hay de sencillo en ella; a lo pequeño que apenas se ve y que tan improvisadamente puede llegar a ser grande, inmenso; si siente este cariño hacia las cosas ínfimas y, con toda sencillez, como quien presta un servicio, trata de ganar la confianza de lo que parece pobre, entonces todo se tornará más fácil, más armonioso, de algún modo más avenible. Tal vez no en el ámbito de la razón, que, asombrada, se queda atrás, pero sí en lo más hondo de su conocimiento, en el constante velar de su alma, en su más íntimo saber.
Por ser usted tan joven, estimado señor, y por hallarse tan lejos aún de todo comienzo, yo querría rogarle, como mejor sepa hacerlo, que tenga paciencia frente a todo cuanto en su corazón no esté todavía resuelto. Y procure encariñarse con las preguntas mismas, como si fuesen habitaciones cerradas o libros escritos en un idioma muy extraño. No busque de momento las respuestas que necesita. No le pueden ser dadas, porque usted no sabría vivirlas aún -y se trata precisamente de vivirlo todo. Viva usted ahora sus preguntas. Tal vez, sin advertirlo siquiera, llegue así a internarse poco a poco en la respuesta anhelada y, en algún día lejano, se encuentre con que ya la está viviendo también. Quizás lleve usted en sí la facultad de crear y de plasmar, que es un modo de vivir privilegiadamente feliz y puro. Edúquese a sí mismo para esto, pero acoja cuanto venga luego, con suma confianza. Y siempre que ello proceda de su propia voluntad o de algún hondo menester, écheselo a cuestas sin renegar de nada.
El sexo es una dura y difícil carga, sí, pero es precisamente duro y dificil cuanto nos ha sido encomendado. Casi todo lo que es serio es también arduo, y todo es serio... Con tal que usted reconozca esto y, por sí mismo, conforme a su peculiar modo de ser y a sus aptitudes, merced a su infancia, a su experiencia y a sus propias fuerzas, llegue a conseguir y a mantener con el sexo una relación del todo propia y personal, libre de la influencia que por lo común ejercen convencionalismos y costumbres, ya no debe temer entonces ni el perderse a sí mismo, ni el hacerse indigno de su más preciado bien.
El goce propio del sexo es una emoción sensual como el simple mirar. O como la mera sensación que colma la lengua mientras saborea una hermosa fruta. Es una experiencia grande, infinita, que nos es regalada. Un conocer del mundo, la plenitud y el esplendor de todo saber... Y lo malo no está en vivir esta experiencia, sino en que casi todos abusen de ella y la malgasten. Empleándola como incentivo y esparcimiento en los momentos de mayor lasitud, en vez de vivirla con recogimiento para alcanzar sublimes culminaciones. También del comer, por cierto, han hecho los hombres otra cosa. Por un lado la miseria, por otro la opulencia excesiva, han empañado la nitidez de este menester. De modo parecido se enturbiaron también los profundos y sencillos menesteres. en virtud de los cuales la vida se renueva. Pero cada individuo, para sí mismo, puede tratar de devolverles su pureza, viviéndolos con límpida sencillez. Si esto no está al alcance de cualquier individuo -porque cada cual depende demasiado de otros-, sí está al alcance del hombre solitario. Puede éste recordar que tanto en las plantas como en los animales, toda belleza es una callada y persistente forma de amor y anhelo. Puede también ver a los animales como ve a las plantas: uniéndose, multiplicándose y creciendo, no por ningún placer ni por ningún sufrimiento físico, sino doblegándose ante necesidades más grandes que el goce y el dolor, más poderosas que toda voluntad y que toda resistencia. ¡Oh, si el hombre pudiese acoger con ánimo más humilde y llevar con mayor seriedad este misterio, del que está llena la tierra hasta en sus cosas más pequeñas! ¡Y lo soportara, sintiendo cuán terrible y agobiante es su peso, en vez de tomarlo a la ligera! ¡Y se inclinara con profunda veneración ante su propia fecundidad, que es una sola! ¡Tanto si parece espiritual como si parece material! Pues también el crear del espíritu arranca del mundo físico. Es de su misma esencia y como una reproducción más sutil, más arrobadora y más perenne del goce carnal.
"La idea de ser creador, de engendrar, de dar forma y vida" nada es sin su amplia, perpetua confirmación y realización en el universo. Nada sin el ascenso que, de mil modos repetido, emana de los animales y de las cosas. Y si su disfrute resulta indeciblemente bello y rico, es sólo porque está pleno de recuerdos heredados de los engendramientos y partos de millones de seres que nos precedieron... En un pensamiento creador reviven miles y miles de noches de amor olvidadas, que lo llenan de nobleza y celsitud. Y los que en las noches se juntan, entrelazados y voluptuosamente mecidos en su amor, llevan a cabo una empresa muy seria, y atesoran dulzuras, hondura y fuerza para el himno de algún poeta venidero, que un día se alzará para cantar inefables delicias. Así llaman al porvenir. Y aun cuando yerren, aun cuando sean ciegos sus abrazos, el porvenir llega. Surge un nuevo ser, y en el ámbito del acaso que ahí parece haberse consumado, despierta la ley en virtud de la cual un germen de vida vigoroso y resistente irrumpe con ímpetu, haciéndose paso hacia el óvulo que, abierto, sale a su encuentro. No se deje engañar por lo que aparezca en la superficie. En las profundidades es donde todo se vuelve ley. Y aquellos que vivan falsa y torpemente ese misterio -son muchísimos-, sólo para sí mismos lo pierden. Pues, con todo, lo retransmiten como un mensaje cerrado, sin llegar a conocerlo. Tampoco debe desconcertarse ante la multiplicidad de los nombres, ni ante la complejidad de las cosas. Quizás haya por encima de todo una gran maternidad como anhelo común... La hermosura de una virgen, es decir, de un ser que -como usted lo define con tan bellas palabras- "no ha dado aún nada de sí", es maternidad que se presiente a sí misma, y se prepara temerosa y anhelante: Y la belleza de la madre es maternidad empeñada en su servidumbre: Y en la mujer anciana perdura una gran remembranza.
Yo creo que también en el hombre hay maternidad. Tanto en su espíritu como en su cuerpo. Pues su modo de engendrar es así mismo una especie de parto. También es parto cuando crea al impulso de una íntima plenitud. Acaso haya entre los sexos mayor grado de parentesco y afinidad que el que se supone comúnmente. Y la gran Renovación del mundo consistirá quizás en que el hombre y la mujer, una vez libres de todo falso sentir y de todo hastío, ya no se buscarán mutuamente como seres opuestos y contrarios, sino como hermanos y allegados. Uniéndose como humanos, para sobrellevar juntos, con seriedad, sencillez y paciencia, el arduo sexo que les ha sido impuesto.
Pero todo cuanto tal vez algún día llegue a ser asequible para muchos, lo puede aprestar ya desde ahora el hombre solitario, edificándolo con sus manos que yerran menos. Por eso, estimado señor, ame su soledad y soporte el sufrimiento que le causa, profiriendo su queja con acentos armoniosos. Si, como dice, siente que están lejos de usted los seres más allegados, es señal de que ya comienza a ensancharse el ámbito en derredor suyo. Y si lo cercano se halla tan lejos, es que la amplitud de su vida ha crecido mucho y alcanza ya las estrellas. Alégrese de su propio crecimiento, en el cual, por cierto, a nadie puede llevarse consigo. Y sea bueno con cuantos se queden rezagados, permaneciendo seguro y tranquilo ante ellos, sin atormentarlos con sus dudas ni asombrarles con su firme confianza en sí mismo, o con su alegría, que ellos no sabrían comprender. Trate de conseguir algún modo de convivencia con ellos. Un algo común, que sea sencillo, modesto, sincero, que no tenga necesidad de alterarse, aunque usted siga transformándose más y más cada día. Ame la vida que en ellos se manifiesta en forma extraña a la suya propia. Y sea indulgente con aquellos que van envejeciendo, y temen la soledad en que usted tanto confía. Evite enconar con nuevos motivos el drama siempre tenso entre padres e hijos, que en los jóvenes consume muchas fuerzas, y en los ancianos corroe ese cariño que siempre obra y da su calor, aun cuando no comprenda... No les pida consejo, ni cuente con su comprensión. Pero tenga fe en un amor que le queda reservado como una herencia, y abrigue la certeza de que hay en este amor una fuerza y también una bendición, de cuyo ámbito no necesita usted salirse para llegar muy lejos. 
Está bien que, por de pronto, desemboque en una carrera que le vuelva independiente y le confiera completa autonomía en todos los sentidos. Aguarde con paciencia hasta poder averiguar si su vida íntima se siente limitada y cohibida por las formas propias de esta profesión. Yo la tengo por muy difícil y llena de exigencias, porque está gravada de muchos y grandes convencionalismos. Y porque en ella hay apenas cabida para una concepción personal de sus cometidos. Pero su soledad, aun en medio de circunstancias extrañas a su modo de ser, le servirá de sostén y de hogar. Y desde ahí podrá usted descubrir todos sus caminos.
Mis mejores votos se hallan prontos a acompañarle, y mi confianza está con usted.
Suyo

Rainer María Rilke

domingo, 20 de junio de 2010

El amor hecho arte (Respuesta a un lector)


Me dices...
Hola Magaviajera... quiero agradecerte... que bonito es descubrir personas con tan altas dosis de sensibilidad, inteligencia, humanidad.... que bonito es descubrir personas que enamoran como lo haces tu. Quiero decirte, además, que sabes muy bien expresar con palabras lo que tus sentimientos dictan al pensamiento para que este lo transcriba de la forma que lo haces. También deseo felicitarte por ser como eres y darle la enhorabuena a las personas que tienen la suerte de tenerte cerca.
El mundo necesita de personas como tu para crear una conciencia colectiva que cada día cale más hondo en los unicos valores que realmente merecen la pena cultivar... el amor, la gratitud a la vida y a la naturaleza en su conjunto, al universo....
Buscar la belleza es la única protesta que merece la pena en este asqueroso mundo.... Contigo se encuentra belleza.
Gracias nuevamente y recibe un abrazo con todos mis afectos.



Sinceramente me siento conmovida con tu mensaje...
Cuando uno se lanza a la aventura de escribir no es, realmente, consciente de la capacidad de llegar a los demás, de llegar, además, a personas que ni siquiera conoce o ha visto nunca. Al principio lo hace como una especie de diario, en el que apunta todas aquellas cosas que no quiere olvidar y aquellas que, por algún motivo, lo han marcado. Luego, cuando llegan palabras de aliento, como estas que hoy me mandas, entonces se atreve a más. Vas tomando consciencia de que hay más gente ahí fuera que siente algo con lo que tú escribes y que, de algún modo, vibra a la par que tú.

Plasmar los sentimientos y las emociones en una obra, cualquiera ésta sea (escritura, pintura, música, escultura... etc.), es un arte y quien lo hace es un artista. Lo es, más allá de medir su calidad. Alguien que transforma lo intangible en tangible, es un artista, a su manera.

El mundo considera artistas, a veces, a quienes su único mérito es salir en la televisión, por ejemplo. Sin embargo, el mundo está plagado de artistas anónimos y, no precisamente por ello, menos geniales que aquellos que lograron trascender. No todos tienen, ni tenemos la misma misión. La de unos pocos es la de estar expuestos, a la vista, la de muchos otros es sostener lo que hay detrás, ya de por sí una ardua labor. No habría artistas de no haber personas para admirar su arte, para sentirla y hacerla suya; que es un poco lo que todos hacemos cuando alguna obra o acto nos conmueve.

Creo que el artista más grande está en la casa de cada uno, en su círculo más íntimo. El artista más grande es aquel que sabe traducir el amor que siente hacia quienes lo rodean en actos que reflejen ese sentimiento. Son ellos, a su vez, quienes lo convierten en un "artista". Sin ellos no sería...

Del mismo modo, mis palabras, las que plasmo en este espacio, las que comparto con el mundo casi sin saberlo, no tendrían sentido sin personas como tú, que las leen, las sienten, las hacen suyas...

Sólo con que haya una sola persona que esté de ese otro lado, leyendo, mi misión ya está cumplida y completa. Y si, además, como en este caso, esa persona, se atreve a dar un paso más y hacértelo saber, entonces consigues sentir una gratitud inmensa por haber sido bendecido con el don de haber llegado, al menos, a una persona.

Hoy tú te has convertido en artista para mi y me has hecho artista para ti y, por eso, te estoy inmensamente agradecida.

Sigamos adelante, que estas pequeñas pero grandes cosas son las que nos dicen que estamos en el camino correcto.


Un abrazo,


domingo, 16 de mayo de 2010

Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor “del fuego”


Marina me regaló este texto escrito por la uruguaya Simone Seija Paseyro. ¡Gracias por compartirlo!

Alguien me dijo que no es casual… que desde siempre las elegimos. Que las encontramos en el camino de la vida, nos reconocemos y sabemos que en algún lugar de la historia de los mundos fuimos del mismo clan. Pasan las décadas y al volver a recorrer los ríos esos cauces, tengo muy presentes las cualidades que las trajeron a mi tierra personal.

Valientes, reidoras y con labia. Capaces de pasar horas enteras escuchando, muriéndose de risa, consolando. Arquitectas de sueños, hacedoras de planes, ingenieras de la cocina, cantautoras de canciones de cuna.

Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor de “un fuego”, nacen fuerzas, crecen magias, arden brasas, que gozan, festejan, curan, recomponen, inventan, crean, unen, desunen, entierran, dan vida, rezongan, se conduelen.

Ese fuego puede ser la mesa de un bar, las idas para afuera en vacaciones, el patio de un colegio, el galpón donde jugábamos en la infancia, el living de una casa, el corredor de una facultad, un mate en el parque, la señal de alarma de que alguna nos necesita o ese tesoro incalculable que son las quedadas a dormir en la casa de las otras.

Las de adolescentes después de un baile, o para preparar un examen, o para cerrar una noche de cine. Las de “venite el sábado” porque no hay nada mejor que hacer en el mundo que escuchar música, y hablar, hablar y hablar hasta cansarse. Las de adultas, a veces para asilar en nuestras almas a una con desesperanza en los ojos, y entonces nos desdoblamos en abrazos, en mimos, en palabras, para recordarle que siempre hay un mañana. A veces para compartir, departir, construir, sin excusas, solo por las meras ganas.

El futuro en un tiempo no existía. Cualquiera mayor de 25 era de una vejez no imaginada…y sin embargo… detrás de cada una de nosotras, nuestros ojos.

Cambiamos. Crecimos. Nos dolimos. Parimos hijos. Enterramos muertos. Amamos. Fuimos y somos amadas. Dejamos y nos dejaron. Nos enojamos para toda la vida, para descubrir que toda la vida es mucho y no valía la pena. Cuidamos y en el mejor de los casos nos dejamos cuidar.

Nos casamos, nos juntamos, nos divorciamos. O no.

Creímos morirnos muchas veces, y encontramos en algún lugar la fuerza de seguir. Bailamos con un hombre, pero la danza más lograda la hicimos para nuestros hijos al enseñarles a caminar.

Pasamos noches en blanco, noches en negro, noches en rojo, noches de luz y de sombras. Noches de miles de estrellas y noches desangeladas. Hicimos el amor, y cuando correspondió, también la guerra. Nos entregamos. Nos protegimos. Fuimos heridas e inevitablemente, herimos.

Entonces…los cuerpos dieron cuenta de esas lides, pero todas mantuvimos intacta la mirada. La que nos define, la que nos hace saber que ahí estamos, que seguimos estando y nunca dejamos de estar.

Porque juntas construimos nuestros propios cimientos, en tiempos donde nuestro edificio recién se empezaba a erigir.

Somos más sabias, más hermosas, más completas, más plenas, más dulces, más risueñas y por suerte, de alguna manera, más salvajes.

Y en aquel tiempo también lo éramos, sólo que no lo sabíamos. Hoy somos todas espejos de las unas, y al vernos reflejadas en esta danza cotidiana, me emociono.

Porque cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor “del fuego” que deciden avivar con su presencia, hay fiesta, misterio, tormenta, centellas y armonía. Como siempre. Como nunca. Como toda la vida.

Para todas las brasas de mi vida, las que arden desde hace tanto, y las que recién se suman al fogón.

jueves, 1 de abril de 2010

La terrible sinceridad

¡Gracias hermano!


Me escribe un lector:
"Le ruego me conteste, muy seriamente, de qué forma debe uno vivir para ser feliz."

Estimado lector:
Si yo pudiera contestarle, seria o humorísticamente, de que modo debe vivirse para ser feliz, en vez de estar pergeñando notas, sería, quizá, el hombre más rico de la tierra, vendiendo, únicamente a diez centavos, la fórmula par vivir dichoso. Ya ve qué disparate me pregunta.
Creo que hay una forma de vivir en relación con los semejantes y consigo mismo, que si no concede la felicidad, le proporciona al individuo que la practica una especie de poder mágico, de dominio sobre sus semejantes: es la sinceridad.
Ser sincero con todos, y más todavía consigo mismo, aunque se perjudique. Aunque se rompa el alma contra el obstáculo. Aunque se quede solo, aislado y sangrando. Esta no es una fórmula para vivir feliz; creo que no, pero si lo es para tener fuerzas y examinar el contenido de la vida, cuyas apariencias nos marean y engañan de continuo.
No mire lo que hacen los demás. No se le importe un pepino de lo que opine el prójimo. Sea usted, usted mismo sobre todas las cosas, sobre el bien y sobre el mal, sobre el placer y sobre el dolor, sobre la vida y la muerte. Usted y usted. Nada más. Y será fuerte como un demonio entonces. Fuerte a pesar de todos y contra todos. No importe que la pena lo haga dar de cabeza contra una pared interróguese siempre, en el peor minuto de su vida, lo siguiente: Soy sincero conmigo mismo? Y si el corazón le dice que si, y tiene que tirarse a un pozo, tírese con confianza. Siendo sincero no se va a matar. Esté segurísimo de eso. No se va a matar, porque no se puede matar. La vida, la misteriosa vida que rige nuestra existencia, impedirá que usted se mate tirándose al pozo. La vida, providencialmente, colocará, un metro antes de que usted llegue al fondo, un clavo donde se engancharán sus ropas, y... usted se salvará .
Me dirá usted: "Y si los otros no comprenden que soy sincero?" Qué se le importa a usted de los otros! La tierra y la vida tienen tantos caminos con alturas distintas, que nadie puede ver a más distancia de la que dan sus ojos. Aunque suba a una montaña, no verá un centímetro más lejos de lo que le permita su vista. Pero, escúcheme bien: el día en que los que lo rodean se den cuenta de que usted va por un camino no trillado, pero que marcha guiado por la sinceridad, ese día lo mirarán con asombro, luego con curiosidad. Y el día en que usted, con la fuerza de su sinceridad,les demuestre cuantos poderes tiene entre sus manos, ese día serán sus esclavos espirituales, créalo.
Me dirá usted: "Y si me equivoco?". No tiene importancia. Uno se equivoca cuando tiene que equivocarse. Ni un minuto antes ni un minuto después. Por qué? Porque así lo ha dispuesto la vida, que es esa fuerza misteriosa. Si usted se ha equivocado sinceramente, lo perdonarán. O no lo perdonarán. Interesa poco. Usted sigue su camino. Contra viento y marea. Contra todos, si es necesario ir contra todos. Y créame, llegar un momento en que usted se sentirá más fuerte, que la vida y la muerte se convertirán en dos juguetes entre sus manos. Así, como suena. Vida. Muerte. Usted va a mirar esa taba que tiene tal reverso, y de una patada la va a tirar lejos de usted. Qué se le importan los nombres, 'si usted, con su fuerza, está más allá de los nombres?
La sinceridad tiene un doble fondo curioso. No modifica la naturaleza intrínseca del que la practica, y si le concede una especie de doble vista, sensibilidad curiosa, y que le permite percibir la mentira, y no sólo la mentira, sino los sentimientos del que está a su lado.
Hay una frase de Goethe, respecto a este estado, que vale un Perú. Dice:
"Tú que me has metido en este dédalo, tú me sacarás de él."
Es lo que anteriormente le decía. La sinceridad provoca en el que la 'practica lealmente, una serie de fuerzas violentas. Estas fuerzas sólo se muestran cuando tiene que producirse eso de: "tú que me has metido en este dédalo, tú me sacarás!"
Y si usted es sincero, va a percibir la voz de estas fuerzas. Ellas lo arrastrarán quizá, a ejecutar actos absurdos. No importa. Usted los realiza. Que se quedará sangrando? Y es claro! Todo cuesta en esta tierra. La vida no regala nada, absolutamente. Todo hay que comprarlo con libras de carne y sangre.
Y de pronto, descubrir algo que no es la felicidad, sino un equivalente a ella. La emoción. La terrible emoción de jugarse la piel y la felicidad. No en el naipe, sino convirtiéndose usted en una especie de emocionado naipe humano, que busca la felicidad, desesperadamente, mediante las combinaciones mas extraordinarias, mas inesperadas.
¿Y que se cree usted? ¿Que es uno de esos multimillonarios norteamericanos ayer vendedores de diarios, mas tardes carboneros, luego dueños de circo, y sucesivamente periodistas, vendedores de automóviles, hasta que un golpe de fortuna lo sitúa en el lugar en que inevitablemente debía estar?
Esos hombres se convirtieron en multimillonarios porque querían ser eso. Con eso sabían que realizan la felicidad de su vida. Pero piense usted en todo lo que se jugaron para ser felices. Y mientras no se producía lo efectivo, la emoción, que derivaba de cada jugada, los hacía más fuertes. Se da cuenta?
Vea amigo: hágase una base de sinceridad, y sobre esa cuerda floja o tensa, cruce el abismo de su vida, con su verdad en la mano, y va a triunfar. No hay nadie, absolutamente nadie, que pueda hacerlo caer. Y hasta los que hoy le tiran piedras, se acercarán mañana a usted para sonreírle tímidamente.
Créalo, amigo: un hombre sincero es tan fuerte que sólo él puede reírse y apiadarse de todo.

ROBERTO ARLT
Aguafuertes porteñas

jueves, 25 de marzo de 2010

Soy el dueño



Soy el dueño de mis elecciones y de mis acciones.
Soy el que elige el modo de utilizar mi tiempo.
Soy el dueño del nivel de conciencia que aplico a mi trabajo.
Soy el dueño del cuidado o la falta de cuidado con que trato a mi cuerpo.
Soy el dueño e mantener relaciones que decido entablar o en las que elijo permanecer.
Soy el que elige cómo tratar a los demás.
Soy el dueño del significado que doy o que dejo de dar a mi existencia.
Soy el dueño y el autor de mi felicidad.
Soy el dueño de mi vida en lo material, en lo emocional y en lo espiritual.


viernes, 12 de febrero de 2010

S.O.S ...San Valentín!!!


Faltan dos días. ¡Siiiii! Dos días para el dichoso San Valentín, por si aún no os había llegado la noticia. Claro que la única manera de que no os hayáis enterado es viviendo en un hueco en el centro de la tierra.
Pues el caso es que, como vivo un poco más arriba del nivel del mar, me enteré y, a decir verdad, ya estoy un tanto hartita del santurrón éste que, según pasan los años, no me concede ni la hora...
Así que me meto debajo de las mantas, cual Bridget Jones desesperada, para enterarme lo menos posible de tanta movida y que pase el maldito 14 de una vez y ¿qué pasa?...
...Pasa que suena el móvil... y claro! una Bridget Jones siempre tiene su teléfono a mano por las dudas, porque una nunca sabe ¿no? Y era un SMS ¡Qué bien! me digo, no podía ser que ningún "él" se acordara de mi!!!! Bueno, pues resulta que hay alguien que siempre me recuerda y, más me recuerda justo en esos momentos en los que estoy esperando alguna señal. ¿Qué quién es? Mi compañía telefónica señores!!! Ellos siempre se acuerdan de mi en San Valentín. Bueno... en San Valentín, en Navidad, el día de la Madre, el día del Padre... siempre y nunca fallan, sobre todo a fin de mes cuando me pasan la factura por el banco. ¡Qué majos estos chicos de Movistar! ¿No creéis?
Meto mi telefonito entre el lío de mantas y leo el mensaje que decía más o menos así: Movistar te regala 500 SMS gratis para que puedas desear un Feliz San Valentín.
¡Pero bueno! ¿Nos volvimos todos locos? ¡500 SMS!!! ¿A quiénes se han creído éstos que yo voy a mandarle 500 mensajes para el Día de los Enamorados??? Me gustaría decirles que con que me regalaran sólo uno me bastaría, pero es que... ni siquiera!!!
Vamos a ver... ¡un poco de cordura, por favor! Si realmente tuviera uno, que con uno solo me basta ¡os lo juro! y, ese único merecedor de un mensaje mío en un día tan especial, recibiera de su compañía telefónica un SMS semejante... sinceramente, no me haría mucha gracia. No, ni aunque le regalasen solo dos SMS y nada más. Se supone que con mandarme uno a mí debería bastarle... ¿O no?
Y llegados a este punto, lo que yo creo es que le estoy pagando todos los meses a una compañía de telefonía móvil que incita a la infidelidad. ¡Qué horror! Como para que él después me dijera: “es que con una oferta así ¿quién podría resistirse, cariño?”
Miren señores de Movistar, para que os vayáis enterando, yo no quiero 500 SMS gratis para San Valentín, lo único que yo necesito a esta altura, ya que estáis tan dispuestos a hacerme un regalo, son 500 SOS!!!! Sí, lo escribí bien: S.O.S ...Una llamada urgente de salvación, un grito de socorro o 500 mejor, que con tantos seguro que alguno me escucha y se atreve a dejarse querer...
Igualmente creo que, por como vienen las cosas, ya no me salva ni el 112...

¡Feliz San Valentín para el que pueda!!!

sábado, 23 de enero de 2010

La caricia tardía

"Esto es amor, quien lo probó, lo sabe" (Lope de Vega)

Como en vuelo de pájaro me llegan tus ojos
una tarde perfumada por acacias y nardos
y al tiempo que cae la noche
se me van cayendo las vergüenzas
junto con la ropa.


Y van enredándose tus dedos
cual mariposas entre el negro de mi pelo,
mientras un brazo ávido me arrastra hacia tu cuerpo,
igual que en un paso de baile,
jugando con mi cintura.


Un cuerpo que se estremece en otro que lo desea,
bocas cómplices de besos postergados
para pieles inexploradas
con sed de entregas dilatadas
abandonadas a la concupiscencia.

(Publicado por La Loba en http://lobaygallo.blogspot.com/2010/01/la-caricia-tardia.html el 20/01/2010)

lunes, 18 de enero de 2010

Tu Ser Verdadero


En lo profundo de tu ser está la perfección.
En lo profundo de tu ser está la persona que debes ser.
Tu Ser Verdadero está siempre allí, dentro de ti.
Todos tenemos nuestro “Ser Verdadero”. Todos y cada uno de nosotros.
Tu Ser Verdadero puede estar encerrado.
Pero nunca se puede extinguir por completo.
Siempre anhelas a tu Ser Verdadero.
Ese deseo está en todos nuestros corazones.
Esa es una razón para tener esperanzas.
Y sabes con exactitud cuándo estás en contacto con tu Ser Verdadero
Quizás ayer ocurrió sólo durante diez minutos.
No importa. Lo sabes.
Estuviste en contacto con otro ser humano sin temor alguno.
Estuviste en contacto contigo mismo, como debes ser.
Fue un momento de felicidad, poder y presencia total.
Fue como bailar con “lo mejor de ti mismo”

sábado, 16 de enero de 2010

Desvelos

Fotografía: Carina Felice

"Yo no soy el cuerpo, no soy mis emociones, no soy mis pensamientos. Soy el testigo que lo observa todo, y nada de ello es la realidad".

José Saramago escribió un libro titulado “Ensayo sobre la ceguera” que, si bien, está catalogado como un libro de ficción, creo que no difiere mucho de la realidad.
Cuando uno no ve es porque le falta luz y yo sospecho que la humanidad padece una epidemia de ceguera muy particular. Es como si la mayoría de las personas fueran errantes y a ciegas, a pesar de que en el cielo brille un sol espléndido, porque su propia vida está cubierta por oscuras nubes que no dejan pasar la claridad. Seres cuyos ojos están cubiertos por un suave velo de ignorancia.
Los velos son las ilusiones, es decir, lo que a mí me gustaría que fuera que, lamentablemente, muchas veces dista mucho de lo que es o de lo que podría ser.
Pero no hay que confundir ilusión con sueños… no. Son dos cosas completamente diferentes. Los sueños podrían compararse a los deseos y estos son el motor que nos va empujando hacia adelante. Pero, entre éstos y las posibilidades reales de concretarlos, es en donde aparecen las ilusiones. Capas y capas de velos que nos impiden ver las cosas tal y como son.
Creemos saber la verdad, creemos verla, afirmamos, sentenciamos y en base a ello, actuamos y, apoyados en nuestra ignorancia, avanzamos inexorablemente hacia el abismo del infierno.
Dice Daisaku Ikeda: “La mayoría de las personas no se cuestionan si la esencia de sus creencias son buenas o malas y ahí mismo está la raíz de la infelicidad”. Cada uno de nosotros poseemos nuestros propios velos, nuestras propias ilusiones. A veces llegamos a ser conscientes de ellos pero, por costumbre, por tendencias difíciles de erradicar, no queremos verlos. Y, a su vez, es a través de esos mismos velos que miramos a los demás y la diferencia es tan grande como ver un paisaje alumbrado por la luz de la luna y el mismo paisaje iluminado por la luz del sol.
Pero si somos capaces de cuestionarnos, si somos capaces de creer que es posible que exista otra realidad que no es a la que estamos acostumbrados, la que nos enseñaron, la que aprendimos, puede que, con las preguntas, vayamos quitando uno a uno, los velos que no nos dejan ver las cosas tal cual son. Y puede, también, que, de tanto buscar las respuestas, un día nos despertemos y digamos “eureka”, pero si esto era así ¿cómo no lo había visto antes?
No lo había visto antes porque no quería, porque cuestionar el suelo que estamos pisando, aunque éste esté a punto de derrumbarse, da miedo. Da miedo porque, como no sabemos, pensamos que debajo de ese suelo puede que no haya nada, que no exista otro. Sí, también se puede pensar que, tal vez, exista otro y sea mejor, pero… ¿y si no lo es? Y comenzamos a construir excusas para esconder el temor y tapar la ignorancia. Y, como dice Alan Watts: “Se puede ir construyendo algo cada vez más alto, pero pronto olvidaremos donde empezamos, para a continuación ver que, en realidad, siempre estamos en el mismo sitio; siempre esperando algo, siempre pensando que será la próxima vez. Esto es, claro está, una ilusión eterna”… Y agrega: “Somos seres que existen bajo condiciones de ilusión, que imaginan controlar su propio destino, que piensan que son capaces de mejorarse, y en virtud de dicha ilusión se destruyen rápidamente de una forma interesante. Supongamos que eso es lo que somos, pero todavía estamos en la cuestión de que gastamos una enorme cantidad de energía en hacer cosas que no pueden hacerse. Si lo encuentran frustrante, si realmente no les gusta, no tienen que hacerlo; pueden parar. Resulta una interesante paradoja el que cuando paramos de hacer lo que no puede hacerse, nos sentimos más felices y con más energía.”
¡Y es verdad! Cuando paramos de hacer lo que no puede hacerse y que nos empeñábamos en hacer que sucediera, nos sentimos mas libres y empezamos a tomar conciencia de que las causas esenciales de nuestros problemas radican en nuestra propia vida, dentro de nosotros. Y eso nos libera, porque podemos aliviar nosotros mismos nuestros sufrimientos, asumiendo la total responsabilidad sobre ellos. Porque cuando uno descubre que, de esta manera, puede decidir sobre su propio destino, es cuando encuentra la tan ansiada luz al final del túnel que es la que le va a permitir ver a través del velo de la ilusión.
Uno mismo lo sabe, uno mismo puede reconocer sus propios velos o buscar a alguien para que no lo deje dormirse en el sueño de la ilusión.
En este caso, a mi me desvelaste tú…

Publicado por la Loba en http://lobaygallo.blogspot.com/ el 15/01/10


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