
La decepción llegó como un cubo de agua helada, trascendiendo estadísticas, ignorando dolores y con ella los recuerdos de una entrega despreciada.
No siento enfado, ni siquiera dolor, tomo decisiones mirándola de frente.
La rendición no tiene sentido, ni siquiera el reproche.
Sigo siendo yo y voy eligiendo a quienes seguirán acompañándome en mi camino.
Es parte del juego, sólo que las reglas se aprenden de tanto jugar.
No siento enfado, ni siquiera dolor, tomo decisiones mirándola de frente.
La rendición no tiene sentido, ni siquiera el reproche.
Sigo siendo yo y voy eligiendo a quienes seguirán acompañándome en mi camino.
Es parte del juego, sólo que las reglas se aprenden de tanto jugar.










