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Lo que abre el amor, que no lo cierre el miedo.


jueves, 24 de junio de 2021

El valor del agua




Vas caminando por el centro comercial, por el supermercado, conduciendo, atravesando la circunvalación con una ilusión a cuestas.
Intentas acomodarla.
Parece que te sienta bien.
Te sientes linda con ella puesta, como un ramo de flores frescas.
Pero algo empieza a oler mal.
Han pasado semanas y pareces un florero olvidado en el cementerio.
Las flores no se arrancan dijo el Principito.
Cuando amas la rosa comprendes el valor del agua.

miércoles, 23 de junio de 2021

Vendrá descalza




Quiero zambullirme 
en el sueño, 
esperando encontrar algo 
que me salve, 
una puerta a otra vida 
con menos esfuerzo.
Busco en el pozo 
seco de lágrimas 
que no llegan; 
necesito que me cubran los ojos, 
que laven el espanto.
Escribir me rescata, 
siempre, 
como si construyera algo, 
algo que me pertenece 
un mundo del que ser parte.
Otra vez la muerte presente. 
El abandono, 
la desaparición, 
el rechazo, 
los finales. 
Si acaso no hubiera ya 
muerte constante, 
que necesita hacerse notar.
Ella sigue pidiéndome lo mismo 
y yo... 
soy un cristal roto 
del que nadie quiere hacerse cargo.
Entonces vendrá descalza, 
otra vez, 
y no habré podido evitarlo.

martes, 8 de junio de 2021

Apretó con su mano el borde de mis bragas




Apretó con su mano el borde de mis bragas, como quien se aferra a la soga que ha de salvarlo, y se quedó dormido.
Apenas quise moverme para no romper el reposo de tanta existencia cansada.
Tal vez en mi anhelo azorado quise darle un puerto de certezas donde escapar a sus tribulaciones.
Tal vez así me salvara yo de las mías lo que durara esa noche.
Se sujetó con firmeza a mis bragas, con la misma mano con la que se empuña un escudo. Y, como si toda la fuerza se reuniera en una sola mano, como si esa mano, ahí, en mis bragas, lo protegiera en sus sueños, dejó yacer su cuerpo dormido junto al mío, tierno y dócil, ajeno a la tenacidad con la que su mano se amparaba en el fino encaje.

Gabriela Collado

domingo, 18 de abril de 2021

Alguien así




Se sumergió conmigo en lo profundo y no tuvo miedo de tocar el dolor.
Éramos capaces de nadar entre las sombras, como los peces en el estanque.
Y luego, reír a carcajadas en la luz que se creaba cada vez que estábamos juntos.
Alguien así no aparece de la nada.
Tiene que ser un pedazo de tu alma.
Creo que nos reconocimos en nuestras grietas. 
Que podíamos posar el dedo en la parte quebrada del otro como si fuera la nuestra. 
Sin provocar mas dolor. 
Con absoluta reverencia.
Creo que supimos ver al dios que descansa en el centro numinoso del otro y amar al humano.
Arder juntos en cualquier tipo de intensidad.
Y aún así, fuimos conscientes del mundo. 
Pero el nuestro llegó a ser perfecto por momentos o extraordinario.
Alguien así no se va nunca.
Conoces su verdadero nombre.
Conoce el tuyo.
Es tan puro que no puedes no llamarlo amor.


Gabriela Collado

jueves, 15 de abril de 2021

Eso lo sé ahora

Imagen: Marte y Venus sorprendidos por Vulcano. Alexandre Charles Guillemot (1827) Indianapolis Museum of Art


Abriste una puerta
que yo no quería abrir.
Eso lo sé ahora.
Y, desde entonces,
se me ha instalado
una melancolía
como fado de puerto.
La dulce añoranza
de lo que no vamos
a tener ni a ser.
Pero quisiera.
Eso lo sé ahora.
Conoces mi alma.
Te amé y te odié
a partes iguales,
aunque no se pueda.
Este Adagio con vos,
susurra en la noche:
carpe diem
quam minimum
credula postero.
Mientras me pregunto,
si podré cerrarla
o si querré.


jueves, 8 de abril de 2021

Servicio




Lo que sirve tiene que servir sin estorbar.
Ser casi invisible.
Como el asa de las cosas o como el sol,
cosas que se extrañan cuando no están.
Servir no reclama atención 
menos reconocimiento, 
es su naturaleza, 
ser sirviendo.
Como el amor, 
se nota cuando falta.
Hechos que resaltan en su ausencia.
La entrega, 
el don de abrir puertas, 
cajones, 
caminos.
Cuando el gobernante ocupa las portadas de los artistas, 
cuando los gentiles se ahogan bajo el peso de creencias, 
cuando los reyes están obesos de autocomplacencia sin sentido, 
no es servicio, 
es abuso.

domingo, 14 de febrero de 2021

A Dios pongo por testigo




A Dios pongo por testigo,
no sé encajar en el amor.
Por no saber, 
no sé encajar en nada.
Siempre me sobresalgo. 
No, no es soberbia, 
quizás rebeldía, 
desgana de encajar.
Seré honesta 
o lo intentaré, al menos.
Todo esto es ironía,
no se encaja en lo que se es.
Ahora mismo veo la tierra quemada,
lo que se llevó el viento 
y juro que nunca más 
volveré a pasar hambre.
Miento. 
Me engaño. 
Quiero encajar otra vez. 
En la cajita feliz de un payaso perverso.
Eso no es el amor. 
¿Qué haces? 
¿A dónde vas pequeña? 
Me escucho en un rincón de mi cabeza.
Vuelvo al quincho de mi casa lejana. 
Toco la guitarra para mi padre. 
Para el pequeñísimo espacio afectivo que me deja. 
Compito con mi madre. 
Creo que a ella no le queda nada. 
Espero su aplauso. 
El de él. 
Ella me advierte como un mal conjuro. 
Bella no despierta, 
se ahoga en pesadillas.
Vuelve. 
Regresa. 
Insiste la voz lejana.
Sé que me robaron y mi guitarra. 
"Dónde están las llaves, matarile, rile, rile.
Dónde están las llaves, matarile, rile, ron".
Quiero estar sentada al sol en el parque. 
Sentir que llevas tiempo a mi lado.
No haber llevado la cuenta, 
porque lo natural no se mide, 
es obvio y preciso, 
como la primavera.

miércoles, 10 de febrero de 2021

Thelma & Louise


No sé qué andaré buscando en la filmoteca de los pasadizos del tiempo. Ha de ser algo así como mi propio Cinema Paradiso. O un modo de ir recogiendo las miguitas que me dejó Pulgarcito de camino al bosque de las sombras. Te cuento un secreto, yo creo que en realidad estos personajes se escapan de sus cintas para venir a buscarme, así como en Toy Story, para rescatarme de un sambódromo colectivo que me tiene zumbada por momentos. Entonces, un piececito regresa sigilosamente a un tiempo en el que la vida parecía más cierta, donde todavía no sabíamos qué podían hacernos el gluten ni la lactosa, fumábamos Marlboro porque era 'chic' y nos decíamos las cosas a la cara, así, con tremebunda valentía. Teníamos el coraje descarado de acordar un encuentro para decir te quiero, te deseo o se acabó. Sí, sí, así como te lo cuento, a los ojos, sin pestañear y pagando el café. El tiempo del otro se respetaba, los sentimientos también. Bueno, sí, me excedo de romántica a veces y tiendo a exagerar. Había de todo, también ahora, pero había más encuentros, más ojos, más piel, más... no sé, yo iba a casa de mi abuela y abría la Siam de toda la vida para partir el hielo y de ahí al videoclub con amigos para elegir una película durante más tiempo del que duraba.
El otro día vino a buscarme un fotógrafo de la National Grographic para decirme que hay certezas que solo se dan una vez en la vida, aunque eso ahora me parece mucho. Luego me encontré con un soldado ruso con el que entendí que uno no se muere cuando ama. Y, después, pasaron a buscarme dos amigas en un Thunderbird del '66 para echar a volar en libertad al cañón del colorado, sin mirar atrás, siempre hacia adelante.
Resurgiré del Dead Horse Point y esperaré al próximo viajero del tiempo que, como en el cuento de Charles Dickens, quiera llevarme a recuperar algo importante que dejé olvidado tiempo atrás. 
Por ahora, soñaré con un sendero sin límites en el horizonte y besos con sabor a Jamie Bennett en Love Actually.

Gabriela Collado

Enemigo a las Puertas


Él le dijo: “todas estas personas saben que van a morir, así que cada noche que logran volver, es un regalo. Así que cada taza de té, cada cigarrillo, se convierte en una celebración porque para muchos de nosotros puede que sea nuestra última noche.”
Llevo días pensando en ella, semanas, meses tal vez, porque, cuando la ves por primera vez, te cambian ciertas visiones para siempre. Porque hay cosas que te llevan a recordarla. Aunque no quieras. Como ahora. ¿Qué sería del envidioso si el otro no viviera por él? ¿Qué sería del orgulloso y el necio si no le convencieran de que puede ganar algo? ¿Qué sería del miedoso si le quitaran su miedo? Esto aprendí al verla, que el que maneja la información, maneja el juego. Será por eso, ¡la pucha!, que no hago más que recordarla. 
Un solo hombre (en apariencia o como lo contó la historia), sostenido por la determinación; con el amor y la inteligencia a cada lado; ganó la batalla. Stalingrado, 1943. Las historias no hacen más que repetirse a lo largo del tiempo, en bucle, como los surcos de un disco que se raya hasta que alguien retrocede la púa y vuelve a empezar. ¿Quién retrocede la púa? No, no es lo mismo, se le parece; mucho a veces. La historia nos da constantemente la oportunidad de cambiarla. Ahora, mañana, todo el rato. Aunque Danilov le diga a Vassili: "el hombre nunca cambiará. Nos hemos esforzado tanto en construir una sociedad equitativa donde no hubiera nada que envidiar al vecino. Pero siempre hay algo que envidiar. Una sonrisa, una amistad, algo que no tenemos y de lo que queremos apropiarnos”; hoy elijo quedarme con la que es, tal vez, la escena erótica más conmovedora y entrañable de la historia del cine. Nunca el amor y la muerte se desearon tanto en un efímero instante.
"-Sabía que no habías muerto, le dijo ella. -¿Por qué?, preguntó él. -Porque acabamos de conocernos."
Enemigo a las Puertas, hoy volví a verla. 

Gabriela Collado

Patas arriba


Estoy perdida, aturdida, dada vuelta, patas arriba (que diría el uruguayo).
Ya no sé donde queda el bien y el mal, la cordura y la locura, la inteligencia y la ignorancia, la verdad y la mentira. Solo me queda la brújula interior para orientarme y me jode muchísimo cuando la aguja empieza a temblar como una loca entre mis costillas. Me jode porque no se equivoca, nunca, ¡maldita sea! ...y bendita, al mismo tiempo. 
Se me están desdibujado personas pero, sobre todo, se están desdibujado valores y hay que atesorarlos como a los caramelos de uva. Cuando encontramos a alguien a quien le asoman aún por el bolsillo la sinceridad, las ganas y el coraje. La lealtad, la palabra y la generosidad derramada en el abrazo compasivo y comprensivo. El amor. Hay que apuntarse su nombre y sus ideas como hacía José en sus libretas, hay que prendérselo en la solapa imaginaria de la esperanza. 
¿Cómo puede ser que le tengamos miedo a vivir?

Gabriela Collado
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