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Lo que abre el amor, que no lo cierre el miedo.


lunes, 24 de marzo de 2014

Soñar que vuelas no es volar


¿Cómo aprender a volar con esto?
Si aún hay piedras en los zapatos.
Si aún te quedas lamiendo heridas.
Si acaso pudieras entregarlas
al propio fuego de la rendición;
dejaras de luchar con el sueño.
Soñar que vuelas, no es volar.
Pues quien está dispuesto a vivir
el vértigo es capaz de gozar
con cada obsequio del paisaje.
Si tú insistes en cargar tus penas
y yo sigo atada a las mías,
¿crees posible, así, volar juntos?
¿Bailar libres? No es el deseo.
No tienes idea de qué quieres.
Ni yo tampoco. No, si es el miedo
el que pretende movernos los pies.
La vida es vértigo constante.
Sólo debemos estar dispuestos
a que nos atraviese… ¡lo que sea!
Nosotros somos la vida misma.
Pero, como acabamos siendo aquello que observamos,
hete aquí que nos volvemos piedra.


domingo, 16 de marzo de 2014

Atrezzo



Sueño con estrellas de cartón,
trenes que se alejan, padres
que abandonan a sus hijos.
Todo parece tan real.
Sé que estoy mirando un sueño.

Tú haces planes conmigo.
Yo hago planes sin ti.

Aunque creo sea al revés.
Te llevarás las estrellas;
las descolgarás de a una
y se acabará el teatro
en su penúltima función. 


jueves, 13 de marzo de 2014

Uno cada ocho horas



No me gustan las recetas.
Definitivamente, no.
Las que llevan sello verde
debajo del diagnóstico.
Una cada ocho horas
cual trabajo que me enferma.

No me gustan las recetas.
Definitivamente, no.
Las del libro de la abuela,
el de hojas amarillas.
Bata así los ingredientes
hasta extenuarse y no gozar.

No me gustan las recetas.
Definitivamente, no.
¿Dónde cabe la libertad?
¿Dónde entran mis sentires?
¿Dónde el bailar con mi cuerpo?
-Doctor, no más comprimido
sino todo lo contrario,
expandido de ternura
y no cada ocho horas,
cada cuatro ¡que es mejor!

Una orden heredada.
¡Esa receta no es mía!
Déjame pelar cebollas
hasta hartarme de llorar.
Y, si no llevase azúcar,
echársela sin dudarlo
porque sí y tengo ganas.
Que el derecho a la dulzura
es mío, como el banquete
y que tanto más me gusta
si lo revolvemos de a dos.

No me gustan las recetas.
Definitivamente, no.
Porque nadie sabrá nunca
qué falta para sanarme,
cuál mi sabor predilecto,
dónde el camino a mi alma.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Capricho de ternura


Una emoción que va atravesando un verso.
El gesto de sentirse inútil, de negarse
a creer en desperdicios y, aún así,
buscarlos entre la basura del recuerdo
en la desesperación de que tomen forma.
Como escarbando en los bolsillos el sentido
del sinsentido y sólo encontrar mil por qués.

No es la soledad, es el tedio.
No es el tedio, es el miedo
de volver a abandonarme, de perderme
entre las sombras de este juego.
Si tan sólo fuera vacío
o ausencia, no dolería.
Pero es una gran nada
plagada de cicatrices.
¿En qué recodo del camino
he de encontrar la ternura?
Todavía hace falta
aprender a caminar.

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