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Lo que abre el amor, que no lo cierre el miedo.


miércoles, 6 de febrero de 2008

No te mentí, sólo que no te lo dije... ¿¿¿???


A veces, el silencio es la peor mentira.
Miguel de Unamuno (1864-1936) Filósofo y escritor español.

La mentira tiene patas cortas… sí, sí, ya sé que es un frase hecha, pero es una verdad grande como una casa, no me lo vais a discutir.
Me preguntaba si mentir y ocultar sería lo mismo y las respuestas siempre desembocaban en lo mismo: el daño.
Creo que todos nos hemos sentido traicionados alguna vez por una mentira y eso duele, pero ¿qué pasa cuándo, en realidad, no te mienten pero te ocultan información?
Veamos las diferencias: Cuando mientes dices algo que nunca pasó, cuando ocultas simplemente no dices algo que sí pasó. Mentir es muy trabajoso, porque a la mentira hay que sostenerla y, generalmente, con más mentiras y, lo más importante: ¡tener buena memoria! En cambio ocultar da mucho más juego a la hora de lavarse las culpas y es mucho más fácil.
Sin embargo, tanto una como la otra le quitan a la víctima la posibilidad de tomar decisiones basándose en la realidad.
De “Mentiras Piadosas” hablaba Joaquín Sabina y, la verdad, es que de piadosas nada!!! ¡Vamos! ¿Qué puede haber de piedad en una mentira? Esos que dicen que, a veces, hay que mentir o no decir las cosas para no hacer daño, creo que piensan más en no hacerse daño a sí mismos que en proteger al otro, porque asumir la responsabilidad de una verdad y defenderla pareciera ser bastante más complicado en ciertos casos y, lo que es peor, te quita la posibilidad de salirte con la tuya; porque para eso mientes ¿no?
La cuestión es que, cuando la verdad se descubre, cosa que siempre sucede tarde o temprano, el que oculta te está quitando la posibilidad de decirle cuatro cosas a la cara, ya que siempre puede escudarse en su ignorancia o en su mala memoria, cuando no en una mentira deliberada: “¿Cómo, no te lo había dicho? Creía que sí”.
En cualquiera de los casos, ni mentir, ni ocultar información puede llevar a nadie a buen puerto, puesto que el que miente (por acción o por omisión) deja de ser merecedor de toda confianza para siempre. Sí, para siempre ¿o alguna vez has vuelto a creer en alguien que te mintió? Difícil ¿no?
La verdad muchas veces duele, pero sólo un rato, al final siempre terminas agradeciendo la sinceridad y lo mismo cuando es a ti a quien te toca contarla, al fin y al cabo la verdad, cuando es dicha, nos libera de una carga, en cambio la mentira nos hace soportar una pesada mochila quién sabe por cuánto tiempo.
El punto es ¿queremos saber siempre la verdad? O es que, muy en el fondo, la sabemos o la intuimos pero no nos interesa que el otro sepa que la sabemos para seguir viviendo en nuestro castillo de ilusión???? Pero ese es tema para otro debate…

4 comentarios:

Noa dijo...

Depende, en este vórtice de existencia humana todo depende de muchas cosas, de muchas circunstancias.
No sabría decir en este caso que es importante, me es imposible separar la premisa de datos adicionales puntuales.


pd: La verificación de palabra es inútil e incomoda.

Lucas.- dijo...

hola maga.. buen blog.. buen post.. un toque largo.. me voy a charlarlo con un café... creo que prefiero una buena mentira.. soy muy imaginativo y a veces con la verdad no alcanza..

El MeLLi dijo...

Buen comienzo.

Me sentí tocado de cerca porque justamente tuve una pelea con mi novia por ocultar cierta información y bueno, al fin y al cabo tenia razon al enojarse porque eso es casi como mentir.

Selvas dijo...

Hola Maga, me gusta mucho tu blog.
Dices que volver a confiar en alguien es muy difícil y es cierto, pero no imposible. A veces la mentira tiene su por qué, no la justifico, pero saber los motivos ayuda. Y hay algo más poderoso que la mentira que es el arrepentimiento y por tanto el perdón.
Un saludo :)

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