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Lo que abre el amor, que no lo cierre el miedo.


miércoles, 20 de febrero de 2008

Café con libros

Me gusta sentarme en los cafés las mañanas de sol sin sentir la apremiante sensación de tener que levantarme enseguida porque el lugar me está echando. Me agrada cuando los sitios saben acogerme, por lo que siempre trato de encontrar una mesa libre por donde se cuele algún rayo que me dé luz y calor. A menudo intento elegir los lugares que los abuelos escogen, porque se me antojan más tranquilos y me permiten la gratificante tarea de disfrutar de un libro, me inspiran a escribir y porque, además, me encuentran conmigo misma.
He descubierto que no soy la única que tiene la manía de apilar libros en su mesita. Leo de a varios, porque cada uno corresponde a un estado de ánimo y cada uno encierra una respuesta diferente de acuerdo al momento interior que esté viviendo.
En mi bolso siempre llevo un libro, un cuaderno y un bolígrafo para esas mañanas de café en las que me permito viajar hacia otros mundos y traerlos después hacia éste, hechos palabras.

5 comentarios:

El MeLLi dijo...

A mi a duras penas que me da para leer de a un libro a la vez, aunque alguna que otra vez hice lecturas en simultaneo.

Pero la verdad que no le dedico demasiado tiempo a la lectura.

carlos dijo...

Mis momentos de lectura los tengo en el tren. Es una de las pocas cosas que agradezco a RENFE, que me permite devorar libros pegado a una ventana del vagón. Y además, cuando el sueño o el cansancio me nublan la vista, me dedico a observar a la gente para deducir en que trabajan, cómo es su vida, si tienen hijos o ya están arreglando su jubilación, qué estudian, a dónde van... Es interesante, surgen perfiles que serían héroes en más de una novela imaginaria.

Hache dijo...

Ay, por un momento me he sentido sentada en ese café.... claro, mi vida empieza cada mañana con un café (sólo y cargado) y a lo largo del día los libros siempre están presentes.

Curiosamente, en mi bolso siempre va un libro, mi libreta donde anoto todo lo que pasa por mi cabeza de repente y bolígrafos y possit pequeñitos.

Vendré más aquí. Gracias por leerme.

Sonia dijo...

En mi memoria guardo una sección dedicada a cafés con encanto que invitaban a escribir. De todos los sitios donde he estado siempre hay alguna cafeteria. Por eso me encantó cuando hicieron una libreria con café dentro en el patio, una lástima que la acabaron cerrando. Hoy es un restaurante, muy bonito. Cuanto más leo, más me descubro en vosotras, no somos tan diferentes.Un saludo, excelente post.

Tesa dijo...

Ando mal de tiempo últimamente, mi actual horario de trabajo no me permite esos lujos. Recuerdo con nostalgia un parque junto al colegio de mi hijo en el que me sentaba a esperar su salida siempre con el suficiente tiempo como para poder leer unas cuantas páginas de algún libro.
Antes llevaba un libro siempre en el coche porque disponía de ese valioso tiempo al que me refiero, ha habido momentos en alguna mesa de una terracita, bajo el sol primaveral con mi mirada alternándose de la lectura al paisaje o al paso de la gente.
Un saludo

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