Le echaremos la culpa a la noche.
Ya todos la conocen.
Y, además, no habla.
Nos consiente.
Ya llegará la hora de su venganza.
Cuando estemos viejos y solos
y el Alzheimer nos impida recordar
cuánto abusamos de ella.
Y el teléfono no suene,
y la televisión nos absorba
como un Poltergeits.
Pero, ahora, nos consiente.
Y estamos en un coche,
en un parking solitario.
Y tú me desabrochas la blusa
en este "Hotel de mil estrellas".

En la Semana Internacional del Alzheimer
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