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Lo que abre el amor, que no lo cierre el miedo.


domingo, 2 de noviembre de 2008

Consuelo


Ayer conversaba con una amiga que, indignada, quería que yo le aclarase una duda. Quería saber “¿cuándo llegaría el día en el que inventaran un eficaz, accesible y cómodo consolador para hombres? Al menos, me decía, así sabremos que, cuando nos buscan, lo hacen porque les interesa nuestra conversación!!!!” Estaba realmente indignada y seguía diciéndome, “es que, en cambio, con nosotras lo tienen mucho más claro.”
“¿Tú crees?”
Le pregunté yo, inocentemente.
“¡Pues claro!” Me dijo convencida y me explicó, “como los consoladores para mujeres son cada vez mejores y más económicos, ellos saben que cuando los buscamos vamos a por el dinero!!!”
La conversación puede parecer vulgar, pero luego me lo quedé pensando fríamente y, francamente, creo que la indignación de mi amiga no andaba tan errada.
¡Seamos sinceras mujeres! ¿Cuántas veces nos hemos quejado de que los hombres siempre piensan con lo mismo?
Es más, el otro día me decía un amigo, “es que vosotras no sabéis leer el contrato”.
“¿Qué contrato?” le pregunté y, esta vez, la indignada era yo que no sabía que los sentimientos pudieran regularse con un contrato, “¿ése que dice que debemos estar dispuestas a daros lo que buscáis y luego no pediros nada más allá de eso? ¿Ése que dice que no debemos pretender que os impliquéis sentimentalmente luego de haber pasado por nuestra casa y por nuestra cama cuántas veces os ha venido en gana?”
Estaréis pensando que generalizo y, las generalizaciones, claro, no son buenas. Pues, afortunadamente no estoy generalizando pero, lamentablemente, casi.
Algunos, con el tiempo, aprenden.
Sin ir más lejos, este verano estaba en la piscina con una amiga que había venido acompañada por un ex novio que, a los cuarenta años, había tomado la decisión de casarse, después de haber vivido del cuento del famoso contrato, y nos decía, “lo que pasa es que los hombres no saben distinguir un rollo de una relación” y pasó a explicarse, “un rollo es algo que pasa una vez porque sí, por casualidad, porque se da la ocasión y, mira por donde, ambos estamos de acuerdo; pero ¿qué pasa cuando ese rollo se repite más de dos o tres veces?”
“¿Qué pasa?” le preguntamos las dos, casi al unísono.
“Pasa que ese rollo se transforma en relación, porque, en medio de ese vernos a menudo y mantener relaciones, uno de los dos comienza a implicarse, indefectiblemente, sino los dos y, entonces, ¿qué pasa si en medio de esa frecuencia uno de los dos conoce a otra persona y decide poner fin a la historia? Pasa que el que se queda, se queda hecho polvo”.
Y aquí no se trata de hombre o mujer sino de que hay uno que da y otro que recibe y, como me explicaba hace poco un amigo terapeuta, el que más recibe siempre es el que acaba rompiendo la relación porque, inconscientemente, no se siente a la altura de retribuir todo lo que está recibiendo.
En el momento me mostré en desacuerdo con esa afirmación, “¿cómo?”, le dije, “si estoy cansada de ser yo quien corte las relaciones porque siento que de tanto dar y no recibir nada a cambio me quedo vacía?”
“Claro”, me explicó, “tú tomas la decisión, pero el otro ya lo había hecho antes con sus actitudes”.
“Mmm, es realmente interesante”,
pensé.
Entonces pasó a exponerme como funciona el pensamiento de un hombre y como el de una mujer, con un ejemplo simbólico.
“Un hombre y una mujer se encuentran en un bar”, me dijo.
“El hombre la ve y piensa, ¡qué buena está! (sexo), se acerca a ella y empiezan a hablar ¡interesante lo que dice! (cabeza), ¡si hasta parece ser una buena persona! (corazón).
La mujer, en cambio, lo ve y piensa, ¡podría enamorarme de él! (corazón), ¡qué interesante todo lo que dice! (cabeza) y ¡además está bueno! (sexo)”.
Se supone que todo esto ocurre en una milésima de segundos, lo interesante es coincidir y lo más complicado, claro!
En definitiva, en lugar de seguir construyendo consoladores, ¿por qué no nos preocupamos más en conocer nuestras diferencias, acortar las distancias, disfrutar de nuestras coincidencias y, como dice Gioconda Belli, apreciar la disimilitud de nuestros cuerpos?

2 comentarios:

desahogandome dijo...

y la mejor manera de empezar a hacer lo que concluyes.... es no darle demasiada importancia a estas cosas, ser más naturales... y dejar de ver series de tv de mujeres ¿liberadas? ¡pero si es un guión! (no digo que sea tu caso)

vivir con naturalidad... es más sencillo.

besines

Maga Viajera dijo...

Desah: Afortunadamente no miro televisión!!!! Bastante tengo con los libros y con mi cabeza!!!! jajaja....
A eso voy... a la naturalidad, la de los sentimientos, sin especulaciones, sin muros, sin condiciones y para eso, como concluyo hay que conocer y respetar las fronteras del otro, pero, sobre todo las de uno.
Por cierto... ¿tú con qué piensas? jajajaja (era broma)
Besitos

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