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Lo que abre el amor, que no lo cierre el miedo.


domingo, 11 de junio de 2017

Dulce como la vida



Ayer solo me importaba el té.
La calma precisa de la hora del té.
La hora sin prisas,
la soledad adecuada.
Un atay con baklavas,
hierbabuena y miel.
Pies descalzos y
un ángel blanco
atravesándome el alma.
No hay té sin parsimonia
ni en Marruecos ni en Japón.
Tres veces hay para todo
y se cumplen los deseos.
El té se sirve otras tres,
una es dulce como la vida,
la otra fuerte como el amor,
el último ha de ser amargo
como la misma muerte.
Vi el té y te vi,
sólo una vez.
Olías a limón y jengibre,
tentando a mi olfato,
desafiándome las dudas.
Recordé el deseo y
olvidé el sudor.
Quería té.
Te quise.
Te dejé mi paz
y me llevé tus ojos.
Sólo una vez.
Dulce como la vida.
Ocho minutos,
a cien grados,
para no llegar a la muerte.
La cucharada pequeña
y tú eterno
y en hebras
de jengibre y limón.


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